Policia puerto serrano05

Juan Cadenas, el policía que perdió un ojo y su trabajo.

A veces hacer tu trabajo de forma sobresaliente puede conllevar que acabes perdiéndolo. Víctima de esta cruel paradoja (luego aparecerán otras más), aquella medianoche del 17 de enero de hace casi cinco años Juan Cadenas no solo perdió su ojo izquierdo, también su puesto de trabajo. Un lustro después, las secuelas psicológicas no han desaparecido y la batalla judicial sigue viva para recuperar su empleo y ser restituido por unos daños físicos y mentales que debieron y pudieron evitarse. “Si aquella noche —en la que trabajaba con la pulcritud de siempre pese a que el Consistorio serrano le adeudaba ocho nóminas— hubiese mirado para otro lado, yo no paso por ocho juicios, ni intervenciones quirúrgicas, ni hubiera corrido peligro mi vida. Al final, el mensaje que queda para quienes están cerca es yo no me complico. Sin ir más lejos, el compañero que estaba aquella noche conmigo sigue trabajando, y me alegro, pero yo estoy en la calle”, relata Cadenas a lavozdelsur.es, en una conversación que tiene lugar en su domicilio actual, en Ubrique.

Sus violentos agresores, los Cachimbas de Puerto Serrano, fueron condenados en 2017 a un total de 32 años de cárcel por, entre otros delitos, homicidio en grado de tentativa en un asalto tan violento al puesto de la Policía Local del municipio que aquel trozo de cristal con el que le apuñalaron se quedó a “un centímetro” de acabar con la vida de Juan. De aquello, casi cinco años después, lo peor son las noches y las aglomeraciones. En la cama, a Juan le sobrevuelan “flashes” de la salvaje agresión de la que fue víctima —“tengo pesadillas de todo tipo”—; en la calle, cuando acude con sus dos hijos a algún acto con más gente de la cuenta, “no lo soporto, parece que veo menos, me tengo que ir”.

Estamos en la medianoche de 2017, Juan patrulla junto a su compañero las calles del centro de Puerto Serrano, su localidad natal y donde aprobó las oposiciones a agente de la Policía Local con 26 años. En ese momento acaba de cumplir hace dos días 31 años. “Horas antes del asalto hasta me pusieron un pedacito de tarta en un bar”. Aún no es del todo consciente de que 48 horas después de celebrar su cumpleaños volverá a nacer. Ven un Golf blanco a toda velocidad por las calles del pueblo, “iba a lo que daba el coche, haciendo trompos”, y sube una calle hacia arriba muy concurrida. “Si coge a un niño, lo revienta; era imposible detener ese coche”, rememora. Conduce Jorge Venegas, el menor del clan conocido como los Cachimbas, con un pasado violento y un largo historial delictivo desde la localidad de la sierra de Cádiz.

Logran darle el alto en un pub y, entre agresiones, consiguen conducirlo hasta la jefatura de la Policía Local de la localidad. “Era un peligro público, no podíamos dejarlo libre”. A la jefatura, antiguo bar de la estación de autobuses reconvertido en instalación policial “tercermundista”, no tardan en llegar los dos hermanos de Jorge, Pedro y José, que literalmente revientan la puerta y con uno de los cristales de la misma se disponen a liberar a su hermano chico. Rocían de spray al compañero de Juan y éste se trastabilla, a lo que Pedro aprovecha para apuñalarle en un ojo y en el paladar. “Estoy vivo por un centímetro de la yugular. El ojo fue grave, pero a mí me cortaron el cielo de la boca y estuvieron a punto de cortarme la yugular. Encima de todo tengo que dar las gracias. Mi mujer me dice mucho que no me cabree porque tengo que dar gracias porque no habría visto ni a mi hijo Lucas nacer”.

Sale como puede de la jefatura y conduce su coche. Viaja también su compañero, que prácticamente no ve. “Yo notaba caer la sangre, pero no recuerdo cómo llegué al coche. Se me vienen cosas con el tiempo, pero eso no. Sí sé que a cien metros de la jefatura pensé: debería de haberle dado dos tiros“. Pero no lo hizo. En la jefatura, “ni siquiera teníamos cámaras que registraran nuestra actividad. El detenido, entre infinidad de barbaridades que Juan ya prefiere ni recordar más, me amenazaba con autolesionarse y culparme de malos tratos, estábamos totalmente vendidos”, denuncia. Cerrada la página penal con la condena a sus agresores, que por supuesto se declararon insolventes y no han pagado a Cadenas la indemnización de 360.000 euros a la que fueron condenados, el calvario judicial de este hombre aún no ha concluido. Con todo, lo que más le duele en este tiempo transcurrido ha sido el trato recibido por la Administración. Se coloca el parche en su ojo izquierdo antes de la entrevista, “porque así me olvido de esto y puedo hablar relajado”, pero la herida que no cicatriza es la del maltrato recibido, especialmente, por su Ayuntamiento.

Juan Cadenas enumera los juicios de estos cinco años y los que le quedan. “El Penal en la Audiencia Provincial, cerrado; tuve un juicio contra la Inspección de Trabajo, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) y el Ayuntamiento, porque me decían que la ley no era aplicable en el Juzgado de lo Social; luego tuve un juicio en el Juzgado de lo Social en Cádiz por el tema de la incapacidad, que lo tengo recurrido; he tenido otro juicio de daños y perjuicios contra el Ayuntamiento en el Juzgado de lo Social; tengo otro de responsabilidad patrimonial en el Contencioso; tengo otro en el Juzgado de lo Social de recargo de las prestaciones en marzo; y tengo otro por la segunda actividad en el Contencioso en 2021. Y no sé si saldrán más…”. Agradece la “generosidad” de su abogado, el letrado gaditano Ramón Dávila, que está peleando por hacer justicia cubriendo unas costas que, de otra manera, “sería imposible asumir para mi familia”.

“Viendo todos estos hechos, para la administración si me hubiesen matado habría sido mejor. Estando vivo han manipulado la jefatura, han presentado una evaluación de riesgos falsa, hay más infracciones de las que se contemplaron… al menos vivo puedo hablar, pero si me hubiesen matado habría sido mucho mejor para ellos. Es muchísimo más indignante ese trato que lo que me hicieron. Yo de los zorros solo espero que se coman a las gallinas, son carne de cañón y, si salen, saldrán viejos de la cárcel, lo suyo es una desgracia…, ¿pero de una administración pública, cómo voy a esperar este trato?”, sostiene sin titubear.

Mientras sustituía la puerta de la jefatura por un portón con cierre desde dentro, abonaba los atrasos a Cadenas y le daba de baja de su puesto de trabajo. “Hay gente que ha tenido accidentes particulares que ha sido recolocada en otro puesto, a mí con lo que me pasó, que fue por hacer bien mi trabajo, me quitaron de en medio”. El alcalde entonces, Miguel Carrero (PSOE), “ni siquiera me llamó. Puso un cartel de Yo soy Juan en la puerta de la jefatura. Me habría servido una puerta en condiciones y no habría sufrido todo esto. “¿Tú te crees que el alcalde de un pueblo de 7.000 habitantes después de pasar esto no te llame para decirte Juan vamos a ver cómo solucionamos esto? Al revés, dale a Juan de baja, uno menos”. El alcalde actual, Daniel Pérez (IU), “al menos me ha llamado, se ve otra voluntad”. La Inspección de Trabajo tardó un año y medio en tratar de evaluar los hechos y apenas recogió infracciones en su informe, ni siquiera resaltó que no había previamente evaluación de riesgos en la jefatura.

Cadenas cobra el 55% de su pensión al denegársele la incapacidad absoluta, de la que sí goza, sin ir más lejos, su agresor. Otra paradoja macabra en esta historia. “He tenido muchas discusiones con mi mujer con esto porque en el día a día te afecta, pero lo peor siempre han sido las noches, no descansas bien, tienes las pesadillas que tienes, de todo tipo, dependiendo de la época las relacionas con unas cosas y con otras. Pero lo peor es que me han convertido en un inútil, aparte de la impotencia de ir a los juicios y no poder hablar. Siento que se cachondean de mí”, confiesa un hombre que dice que “ahora me siento más policía que antes, los compañeros de toda España no me han dejado solos: desde mossos a guardia civiles”.

Mientras sustituía la puerta de la jefatura por un portón con cierre desde dentro, abonaba los atrasos a Cadenas y le daba de baja de su puesto de trabajo. “Hay gente que ha tenido accidentes particulares que ha sido recolocada en otro puesto, a mí con lo que me pasó, que fue por hacer bien mi trabajo, me quitaron de en medio”. El alcalde entonces, Miguel Carrero (PSOE), “ni siquiera me llamó. Puso un cartel de Yo soy Juan en la puerta de la jefatura. Me habría servido una puerta en condiciones y no habría sufrido todo esto. “¿Tú te crees que el alcalde de un pueblo de 7.000 habitantes después de pasar esto no te llame para decirte Juan vamos a ver cómo solucionamos esto? Al revés, dale a Juan de baja, uno menos”. El alcalde actual, Daniel Pérez (IU), “al menos me ha llamado, se ve otra voluntad”. La Inspección de Trabajo tardó un año y medio en tratar de evaluar los hechos y apenas recogió infracciones en su informe, ni siquiera resaltó que no había previamente evaluación de riesgos en la jefatura.

Cadenas cobra el 55% de su pensión al denegársele la incapacidad absoluta, de la que sí goza, sin ir más lejos, su agresor. Otra paradoja macabra en esta historia. “He tenido muchas discusiones con mi mujer con esto porque en el día a día te afecta, pero lo peor siempre han sido las noches, no descansas bien, tienes las pesadillas que tienes, de todo tipo, dependiendo de la época las relacionas con unas cosas y con otras. Pero lo peor es que me han convertido en un inútil, aparte de la impotencia de ir a los juicios y no poder hablar. Siento que se cachondean de mí”, confiesa un hombre que dice que “ahora me siento más policía que antes, los compañeros de toda España no me han dejado solos: desde mossos a guardia civiles”.

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